Las actividades comenzaron a las diez de la mañana y se prologaron hasta las tres de la tarde. Los niños y niñas del Batey (comunidades ubicadas en los Ingenios Azucareros) la mayoría entre tres y catorce años, disfrutaron de lo lindo, aprendieron, comieron y bebieron como nunca.
La conclusión más positiva es la simbiosis que se está creando entre las organizaciones Solaidom-Les Ateliers de Chantal por una parte, y Justalegría por otra. Me ha llamado mucho la atención la capacidad de colaboración y de comunicación entre ambas, facilitado todo ello porque los objetivos y la manera de trabajar son los mismos. Estoy seguro que para el futuro de Justalegría será muy beneficiosa la continuidad en la unión de las mismas.
Me siento orgulloso de haber participado activamente en una de tantas actividades que día a día van engrosando el palmarés de Justalegría en unas de las zonas más deprimidas del sur dominicano